Nada parecía enturbiar su vista, el tren estaba claro en sus retinas, cada vagón cada ilusión producida por esos molestos postes de la luz.
Nunca llegaria a alcanzarlos...pero conocía su nombre.
Los intuituvos pasos le llevaron de nuevo a su apartamento.
Todo parecía en el mismo estado,los asientos tenían un aspecto desvencijado, con algunas mantas o labores que su madre había dejado como herencia.
La televisión presidía aquella grotesca escena producida por el paso de las modas, que habían dejado mella en cada uno de los estantes de la casa.
Era curioso encontrar una virgen de la cual salian mil luces de colores superponiéndose a la imagen comprada en una tienda de importación, "La partida de ajedrez", obra tan preciosísta que solo podía llevar a la confusión en ese muro de la variedad.
Jean se dirigió tranquilamente a la cocina.Su paso tenue hacia percibir una idea un momento fijo en su mente que aún no se había concretado.
Tomo algunas cosas de la alacena y mas tarde revisó los cajones como buscando algo importante,
algo que resultaria imprescindible en la tarea a llevar a cabo.
Tras unos minutos pareció encontrarlo, tras una pausa en la que observaba el objeto...giro sobre si mismo para encaminarse a la estantería cercana.
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